En los últimos años se ha vuelto recurrente la noticia del impedimento de la entrada de productos dominicanos a través de los diferentes puntos de la frontera terrestre por parte de las autoridades de Haití. La noticia es seguida entonces por reclamos de productores y comerciantes nacionales que a su vez provocan reacciones y declaraciones de los sectores oficiales dominicanos vinculados a los temas de comercio exterior, así como la activación de canales formales de comunicación para promover reuniones bilaterales con vistas a abordar el asunto con sus contrapartes haitianas.

En fin, es un libreto que hemos repasado en varias ocasiones y que generalmente concluye con arreglos ad hoc que restablecen el comercio, pero solo de manera parcial o temporal, hasta la próxima crisis.

Para superar la falta de institucionalidad del comercio bilateral terrestre, algunos sectores nacionales han llegado a proponer la negociación de un acuerdo de libre comercio con Haití. Si tomamos en cuenta que las importaciones formales desde República Dominicana a Haití, representan más de 20 veces las importaciones de bienes haitianos a nuestro país y que la relación de intercambio a través del comercio informal transfronterizo es sin duda mucho mayor, resulta evidente la razón por la cual del lado haitiano no exista el más mínimo interés en establecer un acuerdo de libre comercio.

Además, no es imprescindible suscribir un tratado comercial bilateral cuando ya existe el Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea (EPA), el cual bien puede servir como referente para regular el comercio transfronterizo si Haití lo ratificara, pues su Art. 238 sobre Preferencia Regional estipula que todas las preferencias y los compromisos que Haití le concedió a la Unión Europea, se la tiene que ofrecer a los demás países de la región. El hecho de no haber ratificado el EPA, después de siete años de haberlo suscrito, indica una clara falta de interés por parte de las autoridades oficiales y del sector privado haitiano en establecer cualquier acuerdo que implique reciprocidad con su vecino oriental.

Para los dominicanos, el problema del comercio fronterizo con Haití no es un problema de aranceles, sino de facilitación de comercio. Haití es de las economías del hemisferio más liberalizadas, incluso mucho más que República Dominicana. Esto fue producto de una liberalización unilateral generalizada a finales de la década de los ochenta, bajo la asesoría técnica de organismos internacionales. La acelerada velocidad de la liberalización condujo a la desaparición de innumerables pequeñas y medianas empresas industriales, así como de una importante parte de la producción agrícola haitiana. Como resultado, hoy Haití presenta una limitada oferta exportadora y es altamente dependiente de importaciones agrícolas. Las importaciones desde nuestro país constituyen una de las principales fuentes de aprovisionamiento del mercado haitiano, en particular de alimentos relativamente baratos y manufacturas básicas.

Sin embargo, en Haití hay distintos grupos empresariales con capacidad de influir a nivel político para proteger lo poco que les queda de su mercado interno y defender sus propios intereses a cualquier precio. En particular los grandes empresarios importadores haitianos tienen en los mercados fronterizos y su comercio informal una fuerte competencia. Esa es una de las razones por la que, con las autoridades oficiales, bajo cualquier excusa espuria, prohiben o dificultan la entrada de productos dominicanos a través de la frontera. De esta forma, se importan de terceros países a través del comercio formal aunque ello perjudique a miles de pequeños comerciantes haitianos en la frontera, así como también a los consumidores de sectores más pobres de la población que tienen que pagar precios más caros por los productos de subsistencia.

No existe ningún sector exportador formal ni informal haitiano que tenga al mercado dominicano como una prioridad vital, por lo que ante las imposiciones unilaterales de bloqueo al comercio transfronterizo, la parte dominicana, salvo la diligencias de índole política, es poco lo que puede hacer en términos de retaliación comercial para evitar estas prácticas. Tampoco es viable, demandar a Haití ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En consecuencia, es necesario repensar alternativas que permitan promover una relación comercial transfronteriza más estable, ordenada, balanceada, predecible e institucionalizada. Para esto, lo primero es reconocer la necesidad de reducir el gran desequilibrio comercial entre ambos países como manera de fomentar la interdependencia productiva y comercial bilaterales. En la medida que sectores exportadores haitianos, tanto formales como informales, desarrollen intereses en el mercado dominicano, en esa misma medida, dichos sectores serán el contrapeso para ejercer presión política ante los grandes sectores importadores haitianos que obstaculizan el comercio bilateral informal. Dadas las limitaciones actuales de la capacidad productiva haitiana, desarrollar el interés de exportadores haitianos en nuestro mercado constituye un proceso a mediano y largo plazo. Sin embargo, se pueden ir tomando medidas que contribuyan a crear un clima de comercio bilateral más confiable.

Una posibilidad sería ofrecer de manera unilateral, acceso preferencial de tasa cero al mercado dominicano a todos los bienes producidos en Haití que cumplieran con las normas de origen, y requisitos fitosanitarios establecidos por la República Dominicana. El tratamiento de arancel cero a los productos haitianos, estaría condicionado a que las autoridades de ese país implementen las medidas necesarias para favorecer procedimientos de facilitación del comercio terrestre para hacerlo más transparente, expedito y predecible, así como evitar prohibiciones antojadizas y sin respetar las reglas del comercio internacional establecidas. Esto no es una idea nueva, ha sido discutida en círculos técnico y académicos, pero hasta donde sabemos, nunca formalmente considerado a nivel oficial.

Una propuesta de esta naturaleza busca salvaguardar los intereses de una parte importante del sector productivo dominicano que sufre los avatares constantes de la informalidad y la falta de previsibilidad en la frontera terrestre.

La concesión de preferencias arancelarias unilaterales a productos haitianos no representaría una amenaza a la producción nacional. Ya estamos abiertos a la competencia de los Estados Unidos así como a los países centroamericanos y de la Unión Europa. En todo caso, si alguna rama de la producción resultaría afectada, sólo hay que suspender la preferencia unilateral para los productos de dicha rama. Por otro lado, una propuesta de esa naturaleza tendría un efecto político muy positivo para la imagen de la República Dominicana a nivel internacional, ya que neutralizaría los falsos argumentos esparcidos por sectores externos interesados, acerca de que nuestro país es contrario al bienestar del pueblo haitiano. Se crearía un importante referente de cooperación Sur-Sur con Haití, ya que “cero arancel” a los productos haitianos, es algo que ni siquiera los mismos países de la CARICOM, del cual Haití es miembro, le conceden a una gran parte de las exportaciones haitianas.

La implementación de un régimen de preferencia unilateral crearía también un mejor ambiente en el contexto de las relaciones domínico-haitianas que facilitaría avanzar en otros temas de la agenda bilateral. Pero aún en el caso de que Haití rechace implementar medidas de facilitación de comercio transfronterizo a cambio del tratamiento de arancel cero, la mera divulgación de este ofrecimiento a nivel internacional como medida de cooperación con Haití, mejoraría la imagen dominicana en el plano internacional.

Está claro que la estabilidad del comercio transfronterizo depende en gran medida de que sea menos asimétrico. De otra manera el riesgo de bloqueos será una amenaza constante que no permitirá la transparencia y la institucionalización del comercio entre ambas naciones. La creación de interdependencia comercial entre los dos países, es algo absolutamente necesario para garantizar el crecimiento y la sostenibilidad de las relaciones comerciales deseadas.

Un análisis sopesado e incluyente sobre la posibilidad de implementar una iniciativa de preferencia unilateral a los productores haitianos, sería un elemento importante, aunque no suficiente para ir conformando una política de atención permanente al comercio transfronterizo.

El autor es Director de FLACSO-RD

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